De premio nobel a hombre de negocios
Martes, 19 Agosto 
La camisa color rojo y la corbata azul con átomos impresos rompen el estereotipo del científico de bata blanca. Su concepción de que el negocio no está peleado con la ciencia le da un aire particular.
El Premio Nobel de Física 1998, Robert B. Laughlin, se sentó en la Fonda San Ángel, al sur de la Ciudad de México, para compartir sus ideas acerca de la vida después del premio, la educación y los negocios.
Cuenta que tras ganar el Nobel no regresó al trabajo de campo, como se acostumbra, sino que creó su marca y se dedicó a los negocios: hablando alrededor del mundo sobre la ciencia, sus ideas y escribiendo libros.
Laughlin es un científico interesado en hacer negocio con sus ideas. Le importa que sus estudiantes aprendan a tomar las decisiones correctas, creen algo genial o se dediquen a hacer dinero, pero que no se conformen.
“Este libro es para que yo haga dinero”, admite el científico. “No estoy tratando de hacer propaganda de la tecnología o la ciencia, eso ya no me interesa, quiero intentar crear un producto como algunos de los que ha creado la naturaleza”.
Sus alumnos en la Universidad de Stanford, en California, se burlan de él y dicen que en realidad entrena ceo, pues varios de sus ex alumnos en ciencia son ahora ejecutivos. Laughlin se ríe y dice que nunca imaginó hacer eso, sólo quería que sus estudiantes se arriesgaran.
Un buen científico puede hacer de gran empresario, como lo comprueban algunos de sus discípulos.
Robert Laughlin ganó el Nobel, junto con Horst L. Störmer y Daniel C. Tsui, por su descubrimiento de una nueva fase de la materia, y ahora convierte sus conocimientos científicos en herramientas para la vida.
El físico vino a México para presentar su libro Un universo diferente: La reinvención de la física en la edad de la emergencia. Aquí algunas de las ideas que el Premio Nobel compartió con Expansión.
